Como
dicen Soberanes y Trejo (2011) a día de hoy la educación es una de las
preocupaciones más importantes de nuestra sociedad, ya que depende de esta
educación la sociedad del futuro. La educación es un derecho que poseen todos
los niños, pero la forma en la que se da esta depende de los padres o tutores
del pequeño.
Cada
vez son más los casos en los que no se ven alcanzadas las expectativas que los
progenitores tienen puestas en la escuela tradicional, por lo que deciden
llevar las riendas de la educación de sus hijos y educarlos en casa. Esta
decisión conlleva ciertas ventajas como la enseñanza individualizada y ciertos
inconvenientes tales como problemas legales a la hora de impartirse.
Una de
las primeras cosas que se nos pasan por la cabeza al pensar en la educación en
casa es cómo se enseña. En general no suele utilizarse el método de pizarra y
discurso tradicional que finaliza con exámenes y calificaciones.
El
homeschooling se centra en una primera estancia en enseñar lo básico: leer,
escribir y nociones básicas de matemáticas (números, sumar, restar). Una vez
adquirido estos conocimientos básicos el niño comenzará a completar libros de
trabajo, que aborden todas las asignaturas que debe dar, especialmente
diseñados bajo la supervisión de uno o ambos padres (Cobin, 2004).
Según
Isenberg (2007) más de un millón de niños estadounidenses reciben educación en
casa, lo que supone más del 2% de los niños en edad escolar. Aproximadamente
por cada cinco niños que estudian en la privada hay uno educado en casa. Estos
datos fueron recogidos en encuestas telefónicas nacionales, especialmente por
la National Household Education Survey (NHES).
El 2
de diciembre de 2010 se hizo una sentencia en el Tribunal Constitucional que
hace difícil la aplicación del homeschooling en España, lo que ha hecho que la
sociedad se empiece a cuestionar la necesidad de que haya una reforma en el
sistema educativo español (Valero, 2011).
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